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NOCIONES ARTE MODERNO (V) -FIN S.XIX a PRINC. SXXI-

“ARQUITECTURA FIN DEL SIGLO XIX (I)”

La ambición por “crear un estilo” fue una constante en la nueva arquitectura que se estaba forjando desde mediados del S.XIX en Europa. Esta nueva necesidad derivó de multitud de factores surgidos de otras tantas rupturas de la tradición del siglo anterior. La Revolución Industrial económica y social que conmovió a buena parte del mundo, fue desarrollando de manera inevitable una fase avanzada en cuanto a la tecnología. Fue el inicio del maquinismo, de las grandes concentraciones urbanas, de los nuevos transportes mecanizados, de los intercambios… Las nuevas técnicas industriales de construcción, el modo de financiación de los proyectos  y el cambio de escala de edificación urbana, fueron las causas inherentes de la idea de “progreso”. El concepto de “Historicismo” todavía mantenía interés por las manifestaciones artísticas del pasado, donde los pensadores de la Ilustración las cultivaron con gusto. El interés por la arqueología y la etnología, la psicología de los individuos muy seguida por el Romanticismo, o la atención a los nuevos postulados de la Filosofía, que defendía el concepto de existir (Kant, Kierkeegad), hicieron que el concepto de “estilo” cambiara a manifestaciones más eclécticas. Y de manera específica, en el campo arquitectónico surgieron los diversos “revivals”, como el neoclasicismo o el neogótico.

                                           Proyecto de una catedral ideal (V.-le Duc)

 

Nacía una arquitectura de vanguardia que se basaba fundamentalmente en la utilización del hierro, el cristal y el hormigón armado. Pero los arquitectos estuvieron más interesados en la decoración de sus obras que en la construcción propiamente dicha. En cambio, los ingenieros, cada vez más prestigiosos, aprovecharon al máximo los elementos existentes, empeñados en satisfacer las necesidades de la época para centrarse en la funcionalidad de sus proyectos, en detrimento de la estética. Los proyectos constructivos se dirigían a levantar fábricas, estaciones ferroviarias, pabellones de exposiciones, puentes, mercados, auditorios… y se relegaba en ocasiones la construcción de viviendas, pese al rápido crecimiento de las ciudades.

 

El mecánico era sustituido por el albañil y el ingeniero sustituía al arquitecto, de tal forma que la ingeniería mecánica era la protagonista en las construcciones del futuro, con modernas técnicas y nuevos materiales.

 

Viaducto de Garabit (G. Eiffel)

 

No obstante, arquitectos como  Violet-le-Duc(1814-1889), o ingenieros como Gustave Eiffel (1832-1923) trascendieron los límites de su competencia y redujeron las diferencias entre una y otra actividad, lo que posibilitaría el trabajo en conjunto. Junto a los nuevos métodos de construir, el  resurgir de la arquitectura gótica marcaría algunas de las tendencias del último tercio del S.XIX. Por ejemplo, en Francia este estilo medieval fue muy trabajado, así,  Le-Duc amplió los fundamentos del gótico como sistema racional de construcción. El arquitecto reivindicó el reconocimiento de la sumisión de los materiales y las formas a la racionalidad, como principio esencial de la tarea constructiva.

Dibujo de Entretiens sur l`Architecture, V.-le-Duc (1874)

Demostró que la lógica estructural de la arquitectura gótica la convertía en un ejemplo para el presente, ya que la obra medieval era resultado de un determinado orden social, donde las fuerzas colectivas se imponían a la creación individual como protagonistas de las nuevas teorías del arte. Ya en época de Napoleón y de la Restauración al servicio de sus intereses, Le Duc había propugnado unos criterios conservacionistas para legitimar el sentimiento nacional. Sus restauraciones de Nôtre-Dame y de la catedral de Amiens traslucieron su ideología: la elevación del gótico a arquitectura perfecta, buscando una versión estética objetiva. Y también, en Inglaterra, cuando se reconstruyó el Parlamento (1840-1875), antiguo palacio de Westminster, el programa del concurso impuso la utilización de las formas góticas. Así, Augustus Pugin y Charles Barry fueron fervientes partidarios de un gothic revival, afirmando que la forma debía ajustarse a la función, pero en puridad combinaron lo funcional con lo pintoresco muy en boga. Emblema del carácter nacional y democrático, el nuevo palacio-institución británico combinó una estructura neoclásica (Pugin), con un vocabulario arquitectónico y formas ornamentales inspiradas en el gótico inglés de época Tudor (Barry).

 

 

 

 

 

Por su parte, fruto de la estrecha correspondencia entre revolución arquitectónica y Revolución Industrial, nacieron las exposiciones universales de París y Londres como pretexto para exhibir las nuevas miras del diseño y la     arquitectura. Por tanto, otras tendencias más innovadoras recorrían en paralelo a los revivals anteriores. Si en 1851 tuvo lugar la primera Exposición Universal en Londres fue gracias al apogeo del Imperio Británico, cuyos máximos mandatarios reales y políticos quisieron construir un edificio que fuera el de mayores dimensiones del mundo. Descartados los materiales tradicionales, ladrillo y piedra, un jardinero, Joseph Paxton (1803-1865) conocido por la audacia constructiva de sus invernaderos, proyectó una caja colosal con dos elementos básicos: el hierro y el cristal organizados a través de pilares y estructuras. Así nació el Crystal Palace, con 3300 pilares y 300.000 cristales sostenidos por marcos de madera, montados en solo 6 meses, con un total de 563 de largo por 124 m de ancho y 60.000 metros cuadrados, hasta que un incendio en 1936 lo destruyó por completo.

Crystal Palace, J. Paxton

En cuanto a Gustave Eiffel, consiguió el punto culminante de la nueva fusión entre arquitectura e ingeniería con la Torre Eiffel, edificada con motivo de la Exposición de 1889, en conmemoración del centenario de la Revolución. Es una estructura de hierro de 321 metros, referencia de la geografía urbana parisina. Más allá de sus trabajos en la armadura de la estatua de la libertad de Nueva York, y de sus intervenciones en numerosos viaductos y puentes, Eiffel desafió las convenciones constructivas logrando una gran armonía de proporciones con el resultado estético de la Torre. Se trata de un contundente andamiaje de hierro forjado de más de 18.000 piezas entrecruzadas y dos millones y medio de remaches, con cuatro arcos gigantes de base sobre cuatro pilares y tres niveles que se elevan mediante el entramado calado de las piezas. En definitiva, se trata de un emblema de Francia y un icono indiscutible de la modernidad.

                                                              Torre Eiffel

P. Hd.

 

José Hernandez Rubio

Autor José Hernandez Rubio

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