Skip to main content

NOCIONES ARTE MODERNO (VI) -DESDE FINALES S.XIX 

ARQUITECTURA FIN SIGLO (2 parte). “EUROPA: MODERNISMO Y FUNCIONALISMO”

Imágenes: Age Fotostock-Archivo Salvat

El gusto por las exposiciones universales, en el último tercio del S.XIX, fue fruto de la unión provechosa entre la Revolución Industrial y la arquitectónica. París observaba cómo se consolidaban unas instalaciones de enorme envergadura que podían albergar a un gran número de personas, pero cuya mayor importancia radicaba en la audacia constructiva del metal. Así, el joven Gustave Eiffel (1832-1923) uniría su buen hacer al del experimentado ingeniero Jean B. Krantz (1817-1899) para levantar el Palacio de la célebre Exposición Universal de 1867. En el edificio tomó relevancia el trazado en elipse, ya que no pudieron construir un trazado circular para simbolizar el globo terráqueo, al ser emplazado en el Campo de Marte. Con todo, las dimensiones de 490 y 336 metros de los ejes dieron muestra de un magnífico trabajo de ingeniería y arquitectura. La disposición de siete galerías concéntricas que aumentaban de volumen y altura según se alejaban de la elipse central (donde se ubicó un jardín), fue un alarde de sabiduría constructiva. El esqueleto de hierro y las cubiertas de cristal se conjugaron para dar a luz un formidable e impactante edifico moderno. En abril de ese año, el emperador Napoleón III inauguró el Palacio con grandes fastos, para demostrar el poderío del Segundo Imperio francés.

Palacio Exposición Universal París. 1867

 

Por su parte, Henri Labrouste (1801-1875) también estuvo ligado a la aventura de la arquitectura metálica, conjugándola con el de la ingeniería y aportando un verdadero espíritu moderno a sus creaciones. Además de desdeñar las enseñanzas conservadoras de la Escuela de Bellas Artes parisina, en su estudio se formaron la mayoría de arquitectos posteriores, norteamericanos y franceses, si bien, fue duramente combatido por la Academia hasta los cuarenta y dos años. A partir de entonces, levantó la biblioteca Sainte Geneviève en los años cuarenta, donde por primera vez utilizó una estructura de fundición y hierro forjado desde los cimientos hasta la cubierta, tratándose del primer edificio público en concebir dichos materiales. Pero la obra maestra de Labrouste fue la Biblioteca Nacional de París, iniciada en 1868 y terminada diez años después, cuando el arquitecto ya había fallecido. Unas delgadas columnas de fundición sostienen la cristalería de la sala de lectura, a nueve metros de altura; pero lo más espectacular se centra en las salas de archivo, cubierta con un techo de cristal. Todo lo cual implica la entrada de la luz a raudales, atravesando claraboyas y bóvedas esféricas con aberturas circulares, a modo de lucernarios. Los detalles ornamentales, además, dan juego al eclecticismo arquitectónico en boga, con su imitación de estilos históricos.

Detalle Biblioteca Nacional de París.

 

También Hector Horeau (1801-1872) aportó elementos innovadores muy notables en la arquitectura moderna, pero no pasaron de proyectos que copiaron otros creadores, de ahí su consideración de “artista maldito” en la historia de la arquitectura. Así, a pesar de que Horeau ganó el primer premio para levantar el Crystal Palace, sería el británico Paxton quien culminara el edificio, tomando ideas de los planos del parisino. Y tanto en Les Halles como en la Estación del Norte de París, otros arquitectos plagiarían sus ideas de vanguardia arquitectónica constructiva.

  El Modernismo y el Funcionalismo en Europa

El movimiento Arts & Craft, surgido en Inglaterra a finales del S.XIX, dio lugar a la corriente artística del Modernismo en España, al Art Noveau en Francia, o al Jugendstil en Alemania, y se caracterizó por el uso de líneas serpenteantes y asimétricas enfocado sobre todo al arte del ornamento. Y pese a que su principal impulsor, el artesano y diseñador William Morris, abogó por preservar las artes y los oficios, lejos de la producción en masa, reivindicando el gusto medieval y popular, el movimiento se convirtió en un arte para ricos debido a su alto coste estético, lejos del alcance de obreros y artesanos genuinos.

No obstante, el Modernismo en arquitectura causó furor en casi todas las artes, sobre todo en Europa.  La tendencia decorativista quiso regenerar las iniciativas constructivas paralelamente a un funcionalismo que crecía imparable. Así, C.R. Mackintosh (1868-1928), con su Escuela de Bellas Artes de Glasgow (1899) tuvo mucha relación con los seguidores de la Escuela de Chicago, jugando con la piedra, el cristal y el metal, muy cercano a Wright.

Escuela Bellas Artes Glasgow

 

Por su parte, Victor Horta (1861-1947) aportaba soluciones modernistas de decoración en elementos constructivos, donde hizo desaparecer los muros portantes, en favor de estructuras de acero dividida en grandes superficies acristaladas, como en su obra cumbre, la Casa del Pueblo de Bruselas (1899), de enorme carácter funcionalista. Al respecto, Otto Wagner (1841-1918) había definido el funcionalismo con esta frase lapidaria: “Sólo puede ser bello lo que es práctico”, convirtiéndose en paradigma de la Escuela de Viena. Por ejemplo, en su estación de metro de la Karlplatz aplicó evidentes elementos modernistas bajo una depuración decorativa, junto a otros de carácter industrial más en boga y resolutivos. 

 Estación de metro Karlplatz (Viena)

 

  Y otro discípulo vienés, Josef Hoffman (1876-1956) crearía el Palacio Stoclet de Bruselas. Se trata de una obra maestra, concebida como “obra de arte total”: un conjunto suntuoso con una fachada desnuda de superficies blancas, donde predomina las líneas verticales subrayadas con filetes de bronce dorado. Su interior fue decorado por Gustav Klimt con composiciones simbólicas.

Palacio Stoclet de Bruselas

 

Además, Adolf Loos (1870-1933) apostaría por la ruptura total con los historicismos. Se convirtió en el arquitecto más moderno del momento, junto a Wright, y sus postulados influyeron decisivamente en creadores como Gropius y Le Corbusier. Abominó “el crimen de la ornamentación” y su obra más excelsa fue la casa Steiner (1910), desnuda y funcional, sin cornisa ni cubierta aparente, con ventanas horizontales, muy en consonancia con la tendencia cubista de pintores y poetas.

Casa Steiner (Viena)

 

Y en Francia, la arquitectura se entregó al hormigón en la figura de Auguste Perret (1874-1954), que con la iglesia de Notre-Dame-du Raincy estableció un diálogo entre los elementos de soporte y los soportados, en un intento de armonizar un diseño arquitectónico acomodado a las posibilidades técnicas. Así, el cerramiento del templo se construyó como una malla de motivos geométricos de hormigón armado.

 Notre-Dame du-Raincy

 

 

 

 

José Hernandez Rubio

Autor José Hernandez Rubio

Más artículos de José Hernandez Rubio

Leave a Reply