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NOCIONES ARTE MODERNO (IV) -FIN S.XIX a PRINC. SXXI-

ESCULTURA FRANCESA: NATURALISMO Y NUEVAS TENDENCIAS

Imágenes: Age Fotostock-Archivo Salvat

Con la entrada de las influencias naturalistas en la escultura, desde mediados de siglo XIX, las obras comienzan a romper nociones tradicionales del siglo anterior. Los nuevos tiempos políticos y los trascendentales cambios socioculturales del siglo XIX en Europa y en América, arrastraban consigo nuevas tendencias de creatividad artística que desafiaban a lo anterior neoclásico. La dependencia excesiva de los modelos antiguos, no impidió que el naturalismo escultórico irrumpiera evolucionando hacia un arte estatuario de gran empaque. Los nuevos aires románticos caminaban hacia la búsqueda de lo sublime, aunque tanto la pintura como la música profundizarían más en la libertad expresiva. Con todo, no hay que desdeñar el aporte pasional, la “agitación del alma” como definió Baudelaire, que introdujo el romanticismo escultórico.

La vigorosa expresividad de personajes y el movimiento del grupo, la importancia del vacío, y el bronce como material preferido por su mayor facilidad de modelado, son algunos de las características de la nueva escultura. Así, François Rude (1784-1855) ya insuflaría dichos factores a escultura romántica francesa con su insigne alto relieve de La marcha de los voluntarios de 1792 o La Marsellesa (1836) del Arco de Triunfo de París, con el que se exaltaba el valor que quienes lucharon contra Prusia y Austria en defensa de los ideales surgidos de la Revolución Francesa. Se trata de un grupo escultórico donde destacan la fuerte gestualidad y el movimiento expansivo de las figuras.

La Marsellesa (Arco del Triunfo, place de l`Etolie, París)

Igualmente, Jean-Baptiste Carpeaux (1827-1875) logró un naturalismo pleno de vivacidad, un vigor escultórico centrado en la mayor expresividad. Con La Danza (1869) abordó un grupo de fuerte modelado, abriendo las puertas a una nueva escultura. La obra está presidida por un bailarín de belleza andrógina que salta entusiasmado en medio de una ronda de adoradoras de Baco, entrelazadas con guirnaldas y riendo nerviosamente.

 

 

La Danza –Musée d´Orsay, París

 

Por su parte, Antoine-Louis Barye (1795-1875) reflejó también en León con serpiente una potente exaltación del gesto, de lo exótico, con enorme tensión y realismo. Fue considerado como uno de los más grandes escultores animalistas del S.XIX, que plasmó en numerosos bronces de pequeño tamaño con los que tuvo gran éxito.

 

León con una serpiente (Museo del Louvre, París)

 

En cuanto a los retratos escultóricos, prolifera un gusto por captar personajes contemporáneos, incluso autorretratos de los artistas. Otra vuelta de tuerca sería la forjada por el artista Honoré Daumier (1808-1879) que, si en pintura quedó enmarcado en el “preimpresionismo”, en escultura se caracterizó por una espontánea expresividad, por un naturalismo de gran impacto. Reflejó como ningún otro escultor el carácter personal del retratado, complementario a sus caricaturas en los periódicos del momento, a menudo sin rehuir de lo exagerado.

Autorretrato H. Daumier (Bibliotheque Nationale, París)

En su Autorretrato incluso se adivina su mirada interior mediante la concepción audaz del ceño y la frente.

Sin olvidar los tiempos históricos de las últimas décadas del S.XIX, un grupo de escultores quisieron dar visibilidad a la nueva realidad laboral de obreros y mineros. Se trataba de homenajear con sus obras a aquellos trabajadores sometidos a la dureza del contexto histórico de la Revolución Industrial, en condiciones pésimas de vida y de trabajo.  La figura del proletariado tuvo su eco en La Mina de Constantin Meunier (1831-1905), donde se exponía abiertamente la penosa actividad de extracción; se venía a reivindicar un reconocimiento de la clase obrera sometida al arbitrio de la clase burguesa, en permanente tensión. La magnífica plasticidad que emana del tratamiento del material supone un logro artístico de primer orden, donde el naturalismo de gestos y poses es el protagonista.

La Mina (Musée Meunier, Bruselas)

 

José Hernandez Rubio

Autor José Hernandez Rubio

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