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Hasta el 30 de Septiembre

Instalación LA LLUVIA ROJA de Concha Martínez Montalvo

Capilla de Edificio de Convalecencia (Rectorado UMU) en Murcia 

 

Unas pinceladas básicas sobre la relación estrecha entre feminismo y ecología nos pueden ilustrar el sentido de la obra de Concha Martínez Montalvo. Más allá de las controvertidas concepciones del feminismo de hoy en día, por su parte un movimiento de pleno derecho, importa sobremanera su afortunada conexión con el ecologismo, en el llamado «ecofeminismo». Gracias a un valioso grupo de filósofas y activistas que han mostrado con vehemencia su compromiso por este movimiento, existe una creciente concienciación en las nuevas generaciones. Así, la francesa Françoise d’Eaubonne, en los años setenta, mostró pronto su inquietudes por el medio ambiente y por la igualdad de género, allí donde la Mujer y la Naturaleza son víctimas de un mundo moderno patriarcal y depredador; o la india Vandana Shiva, legendaria ecofeminista, defendió la visibilidad de las mujeres rurales frente a la nociva industrialización para el mantenimiento de la biodiversidad, junto a una ética prioritaria de reconocimiento en el otro; o el movimiento Chipko, cuyas integrantes llegan a abrazarse literalmente en comunidad a grandes árboles para impedir su tala por las voraces madereras indias; y, quizá en España, la profesora Alicia Puleo, experta en Estudios de Género, sea nuestra representante más relevante de una “ecojusticia” asentada en la sostenibilidad y la igualdad.

 

Pues bien, estas nociones se hallan en la instalación de Concha Martínez Montalvo en la capilla de “la Convalecencia”, sala del rectorado de la UMU que acopla la obra a la perfección. Consiste en una cortina de hilos rojos que parte de un conjunto de piezas de porcelana, unidas a modo de paragüas, y una alfombra formada por un gran número de granos de trigo donde caen las hiladas. ¿Qué nos propone Concha? ¿Qué implica esta llamativa obra efímera? Pues nada más y nada menos que una reivindicación abierta y más que legítima de la condición femenina, luego de haber constatado que “en la mayor parte del planeta hay mujeres trabajando en los campos, si bien, la propiedad de los terrenos es de los hombres”, llegando a plantearse “la relación que tenemos con el planeta y cómo estamos destrozándolo”, palabras que recoge el artículo de Rosa Martínez en el diario La Verdad, en boca de la misma Concha. La profesora y artista también alude a su intención de simbolizar el flujo menstrual, que parte de esas piezas de porcelana, una sangre que protagoniza el drama y el desgarro del planeta herido (qué buen título de la exposición: “La Lluvia Roja”). Reflexiones sobre la urgencia de poner coto al disparate climático, sobre la necesidad de empoderar a la mujer en todas sus facetas, sobre la importancia de la empatía hacia quienes padecen en primera línea tales lacras… son esas las ideas que M.M. propone. Si bien falta mucho camino por recorrer, Concha ha querido dar un paso clarividente, coherente.

Pepe Hernández Rubio

Doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid

Teresa Bandín Saura

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