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ABELLÁN Y SEMITIEL: “REUNI2” 

CIEZA-MUSEO SIYASA

Hasta el 6 enero 2026

Medio siglo de un sueño compartido

Pascual Vera

Hace miles de años, los antiguos alquimistas descubrieron que, mediante ciertas sustancias, podían acelerar las reacciones de los metales y conducirlos, con sabiduría y paciencia, hacia la transformación deseada y en un tiempo mucho más breve. A este cronista siempre le ha gustado imaginar que algo semejante ocurría en el pequeño universo de los talleres de arte: lugares donde ciertas manos, ciertos ojos y ciertos corazones poseen el don misterioso de despertar lo que está latente en los discípulos, de provocar el brillo allí donde aún sólo existe timidez. Así fue, sin duda, el papel del pintor Juan Solano, maestro y guía de generaciones de artistas ciezanos; un verdadero alquimista del espíritu creador, capaz de avivar vocaciones dormidas y alimentar ese fuego interior que sólo los artistas auténticos sienten desde la infancia y durante toda su vida

Solano fue mucho más que un profesor de pintura. Quienes lo conocieron saben bien que enseñaba con los pinceles, sí, pero también con la paciencia tranquila y con la convicción profunda de que el arte es, ante todo, un acto de amor. Como escribió Juan Ramón Jiménez, «el que ama de verdad, crea», y Solano, enamorado del color, de la luz y de la gente, creó artistas, pero sobre todo abrió caminos y creó esperanzas. Creó, en definitiva, belleza alrededor de sí mismo, como quien, sin pretenderlo, va encendiendo lámparas en la oscuridad.

Entre aquellos que encontraron luz en su taller estaban dos niños que, aun sin saberlo, ya eran artistas antes de ponerse por primera vez frente a un caballete. Semitiel Segura y Abellán Juliá compartían desde la niñez una inclinación casi inevitable hacia la creación. Les unía esa necesidad tan pura de atrapar el mundo en papeles y lienzos, de intentar comprenderlo a través de las formas, de traducirlo en colores. Juan Solano se dio cuenta de ello al instante, como sólo los buenos maestros ven lo que está todavía germinando: reconoció en ellos un ardor creativo que no se apaga ni con el tiempo ni con las dudas. Algo que nada ni nadie podría parar nunca.

Aquel experimentado maestro supo actuar como un verdadero catalizador —un alquimista hecho de sensibilidad, paciencia y entusiasmo— al alimentar aquellas primeras inquietudes artísticas. No sólo les ofreció el conocimiento técnico, sino que les regaló algo mucho más decisivo: la confianza en sí mismos, la certeza de que aquello que sentían no era un pasatiempo ni un mero juego infantil, sino el germen auténtico de una vocación. Los acompañó en sus primeros pasos con una mezcla de orgullo y ternura, e hizo lo que hacen los maestros, los grandes, los auténticos: colocar los cimientos, abrir puertas, señalar caminos y, llegado el momento, dejarles volar con su propia libertad.

Solano no se limitó a guiarlos en el taller. También los introdujo en el mundo de las galerías de arte, actuando como maestro de ceremonias en sus primeras exposiciones. Lo hacía con esa alegría íntima que nace del deber cumplido: sabía que aquellos jóvenes discípulos estaban destinados a recorrer un largo trayecto por su cuenta, volando alto en sus respectivas carreras. Y en aquella primera muestra conjunta, en la que ambos compartían por vez primera su mundo interior con el público, el maestro escribió una frase que, con el tiempo, revelaría su hondísima verdad. Dijo que Semitiel Segura y Abellán Juliá expresaban con sus lienzos lo que no podrían decir con palabras. Quizá entonces no imaginaba que esa afirmación habría de convertirse en una especie de lema vital para ambos: una verdad que, durante cinco décadas, ha acompañado a sus obras y a sus propias vidas.

Abellán

Porque, en efecto, ninguno de los dos ha sabido jamás explicarse el mundo sin el auxilio de sus pinceles. Para ellos, la pintura no ha sido sólo profesión u oficio: ha sido lenguaje, refugio, forma de amar, de comprender, de acompañar. Ha sido —y sigue siendo— la respiración profunda que permite ordenar lo vivido y convertirlo en belleza compartida. Como escribió Antoine de Saint-Exupéry, «lo esencial es invisible a los ojos», y quizá por eso ellos, con colores y formas, con composiciones serenas o atrevidas, han logrado mostrarnos precisamente aquello que se escapa a las palabras pero que vibra en lo más hondo del corazón.

Cualquiera que haya seguido sus trayectorias sabe que sus obras, tan distintas y a la vez tan hermanadas, poseen una cualidad que sólo tienen los artistas verdaderos: la fidelidad a sí mismos, esa voz interior que no se traiciona ni se acomoda, que evoluciona con los años sin perder su raíz. Cada cuadro de Semitiel Segura y Abellán Juliá es, de algún modo, una conversación íntima con el mundo, una mirada nueva que se ofrece al espectador con honestidad y con ternura. Es admirable cómo, a lo largo de cincuenta años, han mantenido viva la llama inicial, aquella que Juan Solano supo reconocer en dos niños que apenas comenzaban a dar sus primeros trazos.

Hoy, al recordar sus inicios y celebrar sus trayectorias, uno no puede evitar sentir una profunda gratitud hacia ellos y hacia su maestro. Porque en esa cadena de afectos, enseñanzas y vocaciones se esconde también una historia de humanidad: la historia de cómo la belleza se transmite de mano en mano, de mirada en mirada, de corazón en corazón.

Abellán

Y qué dicha la nuestra —la de quienes hemos vivido de cerca su arte, su amistad y su manera luminosa de estar en el mundo— de haberlos visto crecer, crear y seguir iluminando, cuadro a cuadro, la vida de todos nosotros con la misma ternura, el mismo cariño y la misma pasión con los que empezaron, siendo apenas unos niños, armados de un lápiz, un papel y un sueño que hoy ya forma parte de todos.

Cincuenta años no son nada… y lo son todo en el arte.

Joaquín Salmerón Juan

Director del Museo de Siyāsa

 

Hace unos cincuenta años que dos amigos, que habían empezado a pintar pocos años antes en la “Academia de Juan Solano”, se unieron para hacer su primera exposición a la par en la entonces llamada “Sala Ser” en el Hogar del Guía que se encontraba en la Esquina del Convento. Eran los entonces jóvenes artistas Abellán Juliá y Semitiel Segura.

Semitiel

Yo fui testigo del evento pues hasta junio de 1976 fui compañero de clase de ambos en aquel curso y en otros anteriores.  A Semitiel, a Abellán y a otros pocos amigos pintores de mi infancia, les debo el que se despertara en mí el amor por las artes plásticas desde mis trece años (o tal vez menos todavía). Hoy, medio siglo después de aquella unión en su primera muestra en mutua compañía, Abellán y Semitiel vuelven a unirse en la emoción e ilusión de exponer juntos. Lo hacen esta vez en el Museo de Siyāsa, donde ambos han expuesto con anterioridad ya de forma individual.

Semitiel

Y yo, como director de este centro cultural y como amigo de ellos, me siento orgulloso de que lo hagan en este lugar y feliz de que me hayan pedido que escriba unas líneas para su catálogo.

Y es que al afecto personal me une a ellos, se añade mi admiración por su capacidad de crear con un estilo singular que me permite reconocer el trabajo de cada uno de ellos en cuanto lo diviso a lo lejos.

La obra de Abellán posee un ritmo que nos evoca el de las partituras musicales y su contemplación nos lleva a escuchar la música que desde sus cuadros y murales se evoca y que puede ser disfrutada en la Casa de las Artes y de la Música de Cieza, así como en los dos edificios de la Ciudad de la Justicia de Murcia y en los juzgados de Cieza. Su obra ha sido expuesta en México, Estados Unidos, Francia e Italia.

Abellán

 

 

 

 

 

Los cuadros de Semitiel Segura son también inimitables por la carga de sensibilidad personal que poseen y porque ellos son rápidamente reconocibles por los muchos que seguimos la evolución de su estilo y trabajo artísticos con atención.

Semitiel

El paisaje y el retrato son los lugares donde se encuentra más cómodo, pero ellos no son tratados de manera academicista sino de una forma y con una atmósfera propia e inimitable.

La calidad de su creación la ha hecho viajar a multitud de lugares de España y de Francia, habiendo impartido Semitiel, incluso, clases magistrales en China.

Pero ahora, algunos de sus cuadros que han viajado por el Mundo pero que todavía no han sido expuestos en Cieza nunca, podrán deleitar las retinas de sus conciudadanos y del resto de visitantes del Museo de Siyāsa entre los últimos días de este año 2025 y los primeros del ya muy próximo 2026.

 

Cabalgando entre estos dos años y juntos por la creación artística y por la amistad que los une desde hace más de medio siglo, Abellán y Semitiel comparten de nuevo con nosotros la emoción que transmiten sus obras, distintas en su carácter, pero unidas en su trayectoria paralela de calidad y de transmisión de emociones.

 

 

José Hernandez Rubio

Autor José Hernandez Rubio

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