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“Deseando amar” (título original: “Fa yeung nin wa – In the mood for love”)

DIRECTOR: Wong Kar-Wai. AÑO: 2000.

PAÍS: Hong Kong. 

INTÉRPRETES: Tony Leung Chi-Wai, Maggie Cheung, Rebecca Pan, Siu Ping-Lam.

 

  -Por Pedro Antonio Balanza Vicente-

   Hoy he tenido la gran suerte de volver a ver, después de veinte años y además en pantalla grande y versión original, una de las películas que sin duda me han parecido más hermosas en mi ya larga vida. Después de ver una de estas joyas, uno sale medio trastornado, entre afectado por los sentimientos que despierta la historia y algo turbado por la fascinación. Salvo que no se haya conocido nunca el amor así, en carne viva, en su faceta más punzante, o bien se carezca de una mínima sensibilidad para poder deleitarse ante una obra de arte, no se sale indiferente después de haber visto esta película. Entre el placer del disfrute, por un lado, y la alteración emocional que supone su admiración, uno cae en una suerte de nebulosa casi soporífera que tan bien describió Stendhal, en una mezcla de sensaciones que oscilan entre el bienestar superlativo y la molesta inquietud.

Cortesía de Roger Koza

  Bien pertrechado con la envolvente y placentera fotografía del habitual Christopher Doyle, junto con la soberbia banda sonora ideada por Michael Galasso, el director emprende la narración de la historia de un amor imposible, por medio de escenas cortas pero rodadas sin prisa, todo encaminado a su verdadero objetivo: atrapar al espectador en un permanente y maravilloso disfrute escénico, mientras se emociona con la historia de vida que narran los dos protagonistas, a los cuales, como casi siempre en la vida, no les basta su predisposición, su avidez, su necesidad de amar y ser amados, para alcanzar indefectiblemente una consumación de sus expectativas.

Es una maravilla el dominio de los planos que demuestra Wong Kar-Wai en esta película: la colocación de las cámaras, siempre muy cerca de los objetos y actores, el soberbio estudio de luz y a menudo la ocultación deliberada de parte de la escena, que, por medio de la estaticidad de la cámara, se centra en el personaje principal, huyendo de la explicitud descriptiva, quedando así el resto como resultado del rico ejercicio de la imaginación del espectador. Y el frecuente recurso a la cámara lenta, dando oportunidad de disfrutar y comprender mejor la intención y la carga vital de cada personaje.

En cuanto a la historia, aborda de manera descarnada los habituales vericuetos que, al menos alguna vez en la vida, suelen rodear al amor: los sentimientos no correspondidos, la infidelidad, los rígidos estereotipos de la ortodoxia social establecida, el amor imposible, la disparidad entre las apariencias y el grado de felicidad real del que disfrutamos, y en fin, la perdurabilidad del amor, que suele imponerse obstinado al paso inexorable del tiempo.

La película, considerada para la mayoría su mejor obra, resulta, en definitiva, una acertadísima y conmovedora descripción de la dificultad del ser humano para alcanzar la felicidad en el plano sentimental; como si la vida fuera eterna, o como si viviéramos muchas veces y pudiéramos permitirnos el lujo de postergar esa felicidad, complicándonos la vida al dejarnos llevar por los ciegos embates del corazón, en lugar de dejarnos conducir por las pragmáticas indicaciones de nuestro cerebro.

Pero es que, si no existieran los amores imposibles, no seríamos humanos, y quizá la vida sería mucho más aburrida. Y, sobre todo, probablemente nos perderíamos la maravillosa experiencia de amar y ser amados.

P.A.B.V.

 

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